La mayoría de los conflictos que se ocasionan entre las personas tienen que ver con la falta de escucha.

Normalmente oímos, sin escuchar, a nuestros interlocutores.

Cuando hablamos, les escuchamos y juzgamos desde nuestra posición rígida e inamovible, sin aceptar que los demás son legítimamente distintos a nosotros y no por eso son peores (ni mejores).

Los grandes males del mundo se  producen porque no hay voluntad o hábito de escuchar adecuadamente a sus interlocutores.

Los conflictos y las guerras son el fracaso de la diplomacia y ésta tiene fama de ser un modelo de negociación llegándose a encontrar posturas tremendamente alejadas, gracias a La escucha.

  • ¿Cómo es la escucha adecuada?

Se escucha no solamente callando y dejando a nuestro interlocutor hablar. Esto suele ser un ejercicio contrario a la escucha constructiva.

Cuando se quiere escuchar, hay que saber indagar.

El proceso de indagación con nuestro interlocutor, interesándose por lo que comenta, abriendo sus explicaciones con preguntas abiertas que aclares lo que queremos entender que nos está diciendo.

Siempre hay que buscar aquello que no se dice en una conversación, lo oculto, la verdadera intención del hablante, y esto se hace, hablando, indagando, no callando o asintiendo.

El que una persona no hable, no quiere decir que esté callado. Suele mantener una conversación privada consigo mismo, a la espera de poder replicar con sus propios argumentos. Los que dejan de manifestarse oralmente, son aquellos que peor escuchan.